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Yobany S. Casto
Manizales, diciembre 22, 2010
Espacio de divulgación artística y cultural

Hoy quisiera escribir un cuento
Hoy quisiera escribir un cuento con olor a ti
Un cuento que pueda entenderse en todas las lenguas
Y sea acogido como son acogidos los sueños de los hombres.
Hoy quisiera escribir un cuento
Donde las voces de todos los hombres se hallen contenidas
Y sean entendidas y sean respetadas, sin importar de dónde vengan.
Hoy quisiera escribir un cuento
Que inmortalice el vuelo de las aves y equilibre la /
Balanza en su justa medida.
Hoy quisiera escribir un cuento
Del que nadie pueda ya olvidarse
Un cuento cuyo nombre sea viento, vida y libertad.
Yobany S. Castro
Manizales, noviembre 17 de 2010
By Oscar WildeEra de noche, el frío invierno invitaba al refugio, a la compañía. El arco de entrada a la ciudad yacía erguido en su soledad. Las calles simplemente permitían el tránsito del viento que iría a parar contra las viejas calles de la grande ciudad. Caminaba yo como entre sueños por encontrarme en la tierra que vio nacer la dicha entre colinas con nombres de paz. El frío era intenso y mis pasos me conducían hacia sitios desconocidos para mí. El viaje hasta acá fue largo, como el que recorren las almas hacia su última morada, y el tiempo de espera valió su paciencia. La catedral, erguida imponentemente, me invitaba a continuar, me invitaba al embrujo que sólo las grandes majestades pueden provocarnos. Ningún ser en el camino. Ningún transeúnte a quien preguntarle ni siquiera por el tiempo. Desde su nacimiento en 1573, esta ciudad ha guardado silencio como los templos perdidos de la antigua Machu Picchu. El cabildo, la Plaza de San Martín y la Compañía de Jesús me vieron caminar con el rostro bajo y la mirada perdida. De repente, y como un designio de un dios altisonante, de un dios mitológico y gigante, entre brizas y densas neblinas terminé encontrándome en un sitio con sabor a recuerdo, con sabor a añejos encuentros e historias incrustadas en los árboles. Y a lo lejos, entre la espesa bruma, una ninfa, una hija de Atenea danzaba en la noche, giraba sobre sí haciendo de su cuerpo un girón de armonía. Estupefacto y con los ojos llamando al llanto, supe que el destino me había convocado a presenciar este el más profundo de los hechos. Y ella, esta mi diosa, mi profundo anhelo, danzaba, reía como las bellas reinas de la Arabia perdida. Tocarla, sentir su pleno aroma, era entonces el más sublime de mis deseos. Acercándose a mí, a este trémulo cuerpo, quiso compartirme el más eterno de los secretos. Sus palabras, sus eternas verdades, me hacían comprender que tantos caminos, tan largas esperas y el llanto que apretujaba el pecho, me tenían destinado permanecer al lado de la mujer por la cual los pájaros cantan al amanecer, por la cual el sol despunta con el alba, por la cual la vida llega en la presencia de los niños y perdura en su sonrisa.
Yobany S. Castro
Manizales, octubre 03 de 2009
Hace poco, y en compañía de otros jovenes escritores, Ibán de Jesús Alarcon dio a conocer su más reciente creación literaria: Mientras presionas el gatillo. Un pequeño libro de poesía donde el autor centra su atención en temas donde la calle, las esquinas, el amor, la música, y otros varios reflejan las ideas que Ibán tiene sobre cómo vivimos en las ciudades, el campo y entre otros seres.El último gamonal, novela escrita por el colombiano Gustavo Álvarez Gardeazábal, habla de la historia de un terrateniente y jefe conservador, Don Leonardo, quien a través del terror y el chantaje (o quizás mediante una imagen benevolente y amable) impone sus caprichos y determina el curso histórico que la pequeña población de Trujillo está obligada a seguir.
Don Leonardo es uno de esos hombres que llaman “gamonal”; alguien quien mediante su peculiar y astuta forma de ver las cosas y asumirlas irá ganando terreno en los campos comercial, social, cultural y, como un hecho fundamental, en el campo político. Es por esto que ni los mismos militares, ni los políticos, ni los eclesiásticos se atreverán a contrariarlo o hacerle frente (al menos inicialmente). Lo que suceda en Trujillo está determinado por lo que decida su gamonal. Así, las costumbres sociales, los modos de vida pueblerinos y los asuntos referentes al agro no llevan un curso que podríamos llamar natural, sino que se encuentran subordinados a lo que una mente inquisidora quiere que éstos sean. Cuál sea la valoración que se pueda hacer de esto, es algo que ciertamente poco importa, por el hecho de que importa más lo que haya dicho o deseado el gamonal.
Pero bueno, ¿quién es este personaje al que decidimos llamar gamonal? Don Leonardo es un simple campesino quien tras llegar a una población en nacimiento, empezará a comprender que la lógica mediante la cual se desarrolla la vida de un pueblo, puede estar sujeta a otras reglas de juego. En este sentido, Don Leonardo pasa de ser un sujeto regido por reglas y dictámenes a imponer sus propias leyes y principios. Éstos, tras la astucia o el chantaje, tendrán que ser reconocidos y aplicados por todos y cada uno de aquellos que hagan parte de la vida de Trujillo. Es por esto que el gamonal pasará a convertirse en un personaje a quien la población verá no tanto como un simple habitante, sino como el que dirige y determina los acontecimientos de Trujillo. Este hecho marca una clara ambivalencia. Por un lado, encontramos a los que podrían ser los seguidores de Don Leonardo; por el otro, a los que lo desean muerto.
Don Leonardo vive una vida partida en dos. Por un lado, está el hombre dedicado a acrecentar su riqueza, su poder; el hombre temerario. Por el otro, está el hombre fetichista, homosexual, el hombre que permite revelar los secretos de su mente a sus empleados de confianza, entre los cuales contamos a su amante, y por el cual ha de sufrir tras la muerte de éste. Esto nos podría permitir suponer que la imagen de gamonal es propiamente una imagen del hombre como ser social y público; del hombre autoritario. Y nadie más que un gamonal como Leonardo para no permitir la visibilidad de su lado ajeno a la vida de cacique.
Pero bueno, el aspecto de la sexualidad del gamonal es, ciertamente, algo secundario y poco relevante para nuestros objetivos, porque, como es nuestro interés conocer, lo que importa es tratar de comprender aquellos rasgos y caracteres que determinan el que un hombre pueda erigirse en icono social, y en el hecho de que su representación (como icono) pueda ser asimilada a través de los múltiples mecanismos existentes para lograr el objetivo.
Podríamos decir que el gamonal es alguien que se encuentra en el medio de una situación social (o política). El gamonal es la representación lúcida de las fuerzas en tensión que orientan y encaminan una sociedad. Siempre veremos que entre él, el pueblo y sus dirigentes (o los que aspiran a serlo) existe una polaridad que hace latente la existencia de un grupo de contrarios: Los aliados, los enemigos, los estudiados, los ignorantes (quienes pueden ser manipulados). Esta polaridad, sin embargo, parece no encontrar solución alguna, pues aunque, por ejemplo, el gamonal abandone el lugar que le corresponde, la tensión seguirá existiendo de maneras diferentes, claro está que sin un elemento siempre detonador de nuevos conflictos.
Finalmente, y reconociendo la existencia del gamonalismo en nuestro país, diremos que El último gamonal juega, entre otros, el papel ilustrador de una situación social, cultural y política que ha permeado los diferentes estratos de la historia política de nuestro país. Asimismo, esto revela que, a través de la imagen del gamonal, las redes del poder social pueden ser dirigidas no siempre con una direccionalidad establecida: desde los gobernantes de turno hacia la población, sino que pueden tomar otras orientaciones, entre las cuales las de los gamonales son claramente significativas.
Yobany S. Castro